lunes, 10 de agosto de 2009

pendientes

Mi alma pendiente de un cuello
un corazón rodando por la banqueta
afuera el cielo se cae
un gorrioncillo lucha por detenerlo
una golondrina le ayuda para vencerlo
el cielo ruge y se cae
la luz de la luna
difusa interrumpida cae
abre un hueco su cortina de lluvia
cierra y de pronto se cae
comienzo a verme como no me vi
colgando de un cuello
y rodando por la banqueta
suplico al ser supremo
me entienda mirando mi tristeza
ya no puedo volver
y me inquieta.

Frank

Olvidado en su jaula dueme frank
pesado y amodorrado
las palabras mágicas ha dejado
en otro cerebro en otra vida
en algun otro lugar.
Recuerda que bien sabia
los trompetazos que da la vida
antes de llegar aquí.
Pero las semillas lo anestesiaron
con aceite de girasol lo engordaron
y ahora no recuerda
como vino a este lugar
ni quien era ni qué había
ni por que lado se venía
y si es que un dia regresara
a la condicion primera
mensje del porvenir
donde habia frutas y mangos
plumas y olores
un lecho y un hogar.
Ahora se mece pensando
en el invierno aquel que vio la luz
cuando conoció el cielo
y se soño ornitologo por travesra
aventurero o fakir
y llego a ese cuarto blanco
y conoció la consciencia
y el dolor y el amar
y pidio a grito pelado
conocer la luz.
La luz se le mostró
Y despertó colgado aquí
comiendo su semilla de girasol.

El primer aliento.

Me llego el tiempo de morir. No pude admitirlo pero al ver la cuenta y olerme el pelo noté que algo se estaba perdiendo. En la silla mis uñas carcomidas daban cuenta de los años, minutos y segundos de mi vuelta hacia atrás... decreciendo como alguien que va directo de regreso al vientre materno. Y yo solo quise hacer del mío tu hogar. Ese fue siempre mi peor delito y la razón por el cual me tire de coco a los lugares más temidos. Avista. Sigo siendo esa maraña de huecos que no tiene lugar.
Mi orfandad se tejio lenta y mi destino razo y lento al abrir los ojos. Al romper sin respeto la tapa oscura del destino. Pero no fue mi culpa como no lo es de nadie. Nunca escogen las gotas donde van a estrellar.
La luz me hizo gota en un tiempo lejano. No acepte mi destino ni me supe encontrar.
En poros que no fueran los tuyos. En ojos que no tuvieran tu fondo.
Un espasmo canela me recorrió el cuerpo. Recuerdo que la mascaba los domingos cuando le perdí el miedo al sabor. Me hizo mi pequeña tarde feliz aquella vez y desde entonces me consuela. Al grado de no poder sonreir si un cafe no sabe precisamente a eso... a canela.
Un tostado ambarino como la miel de octubre... una mentira piadosa y una verdad estridente... El tiempo entero se mueve, la vida, el pensamiento y uno se puede quedar congelado en un lugar esperando.
Las hojas de alamo- Secas en plena primavera. El dia de esos en que llovia y un destello rojo no dejabame de inquietar como si de un dia a otro fuera a estallar todo. Como si de pronto no hubiera remedio alguno mas que estallar yo.
Entonces y ahora me tomaba todo demasiado en serio. Pero cuando uno esta en casa se tira guarro y cualquier cosa puede ser lo que sea. Desde la mota de polvo atrapada por el cochambre en la telaraña que pretende ser eterna hasta el trozo de pensamiento con el ser que va de cabeza en cabeza. Y terminas tras una madrina ejemplar por no quejarte del corte ocasional de una hoja de papel (cosa que no conocía y extrañamente no he podido aceptar).
Mi ser en el foso y debo admitir que nada ha sido más dificil que esto. Despertar y morir no se cuantas veces en una buena porcion de tiempo.

Condenado

Me tomè mi tiemp o a tragos y sorbos
sin ti se tuerce mi ultimo cigarro soñoliento pesado
soñando una tarde caliente arder de pasiòn.
Te guarde una copa
la luna molesta me reprocho mi querer
que las cosas así de la cuenta vital no se dan porque sí.
Y el pesar del dolor pasando me advirtió
que no se puede dar lo que nos hace estar
sin hacerse lacayo de otro ser superior
alce tu copa y me llame esclavo
Eunice de cabellos tiznados para ceñirte el trapo
o mover tu galera remando
Estático e iracundo el desconcierto reclamó gritando
¡Necio, pesado!
Bésabe pues su propia ponzoña
Bebame tu papitar en gotas
por cada una del reloj muriendo
en cada hoja que te arrastre el viento
Vera, ira, gorgona maldita triza
en los trazados ojos pon la mano
y grabate con llanto tu misterio.

sábado, 8 de agosto de 2009

Cuento corto ·1. Sobre los fantasmas de la noche.

Amanece mi vida.

Era un 5 de diciembre. Por la ventana de mi hotel circulaba un viento helado invasor venido con dirección al norte como no hube sentido desde el año que se invirtieron los polos. Eran las 4:37 a.m.

Ante la falta de sueño y contra la indicación del psiquiatra disfruté de un expreso cortado con placer adultero y me senté a leer tras esa luz perlada que da a mi tez el tono por el que me reconocen. Fue ahí entre las líneas de mis vicios que encontré su recado.

Los que me conocen realmente dirán que soy hombre de principios pero como quitando los adjetivos solo soy hombre. Hay cosas que simplemente no puedo ignorar. Impelido por mi instinto de sobrevivencia primario, un bosquejo a pluma y un viejo recuerdo tomé el abrigo y salí al viento.

Los pasillos se encontraban vacíos. En la recepción un dependiente soñoliento me miraba con recelo. Un hippie religioso me dijo una vez que la oscuridad se usaba para esconder los propósitos que no deseábamos al descubierto. Me pregunto qué pensaría de esto.

La calle desierta aún oliendo a noche… desde que cambian el horario no se ve clarear. ¡Cómo me molesta eso! Eran 10 pasos hasta el teléfono más cercano. Recuerdo que siempre tuve especial desagrado por los teléfonos conmutados por eso cruce la calle. Y así llegue hasta aquí. Tomó la bocina y maldigo mi suerte ¡es de monedas! En la esquina una farmacia de 24 horas y un cajero saco un billete. Encendedor y cigarros después tengo mi cambio.

Camino apresuradamente. Me detengo nerviosamente junto al poste del teléfono… súbitamente… me incomoda la idea. Mi dignidad me molesta.

Enciendo el cigarro y comienzo a fumar. La incipiente mañana ya sin viento pero helada comienza a decorarse con círculos blancos que corren lentamente y se deforman como una semilla de almendro o se unen como en una cadena de curvas delirante y mortal. Al diablo el resentimiento.

Ahí van las monedas y la rueda… tras tres timbres una voz rasposa me contesta. No me explico por no arrepentirme. No puedo hacerle conversación, me siento incómodo. Le doy la dirección y me devuelvo a la cama más sereno.


Me siento ya medio dormido cuando suena el timbre. De un salto me incorporo. Me dormí o ha llegado demasiado rápido. No diré que no se me ocurrió pero… no esperaba a nadie… que importa. Sacudí la cabeza y eche ojo a la mirilla. La maraña castaña. Ojos grandes. La expresión nerviosa… el dependiente igual de modorro que yo me esperaba. Señor lo busca una señora en la recepción. Conteste secamente –Pásela-


Deje la puerta abierta y me serví un vaso de agua. En la puerta ella atraviesa, sin prisa pero inquieta y me mira. No me dice nada. No le digo nada y cierro la puerta. Pongo el vaso en la repisa (no quiero que me vea nervioso) y la miro. Ella calmada sonríe y al mirarme su pose se relaja. No esta aprehensiva. Ahora me siento divertido. Y solo para molestarla la miro, guardo silencio y hago cara de risa.

Extrañada se levanta. Le impido el paso. Me empuja juguetona pero con intención de advertencia. La tomo de las muñecas y le planto un beso… nos perdemos un momento.

Ella me jala el cuello yo le aprieto la cintura. Se nos van las manos. Ella me afloja el pijama. Le saco la blusa y me devoro sus labios lentamente. Me detengo… la miro. Nunca en mucho tiempo la había visto tan alegre. Tampoco ha dicho una palabra y antes que pueda decírselo me besa.

Sigue siendo la ninfa traviesa de siempre. Sigue siendo feliz en mi piel único lugar que reconoce su hogar. Odio sus medias de seda de señora y adoro lo que le dio el tiempo. Ella odia mis dientes y ama todo lo demás de modo que quedamos iguales.

Me despierta el sonar de la regadera. Son ya las 7 de la mañana. La alarma se enciende y se escuchan las noticias ¡Qué forma tan grosera de profanar el momento! Ella se acerca. Me besa aprovecho que se estira para intentar abrir la cortina y la devuelvo a la cama.

Despierto cerca del medio día pero ella ya no esta. Y no llama. Pregunto al dependiente antes de salir y asegura que por la noche no paso nadie a la casa. Camino a la cocina donde me gusta desayunar y pido lo de siempre. Maldigo pensando en que he soñado el rato más delicioso de los últimos cuatro años, cuando de pronto tropieza mi mano con los cigarrillos. Noto que huelo a baño reciente y sonrío.

viernes, 7 de agosto de 2009

Solo un momento

Me tomé un momento

largo y pausado para beber

agua de pozo en mi vaso de barro

Mujer ¡Te hubieras visto esa noche!

Me hubieras visto esta noche

Imaginándote en un auto pardo

con tu cara de auto suficiencia

y tu espalda perfecta

esa que tantas veces me hizo delirar

y pese a mis promesas

me hizo traerte a mi sueños

La noche con su tormenta

no deja de tronar

Me estremece las entrañas

la idea de no mirarte más

y me aterroriza la idea

que un día despierte

sin haberte recordado

aunque sea en mis sueños

mas torcidos y perversos

Mujer te hubieras visto

como yo te vi esa noche

como yo te he visto siempre

Y no habrías dudado

un momento de mí.

Se cansa el pozo de pedirme agua

la lluvia también de llenar el vaso

De recuerdos pasados

sin poder recordar ayer

el trozo de recuerdos que importaba

entonces te podría llover

pero te hubieras visto esa noche

como yo te he visto siempre

y no habrías dudado

solo un momento de mi

jueves, 6 de agosto de 2009

Carbón en cueva.

En el mismo lugar
un trozo de carbon llameante
encadenado a su destino
se olvida de la condena
ha decidido arder para siempre
como si en ese estado naciera
limpia el polvo y hace su hogar
el unico lugar que conociera.
No espera cartas ni noticias
chismes ni rumores.
Y seguro no saldrá cantando
que pronto vienen días mejores.
Dentro de su espacio
solo quiere paz.
De olvido y calma
eterna ya.
Porque no teme al tiempo
tiene su amor decorado
granáte de la cabeza al suelo
para recordar que fue
que sintió y vivió latente
sabiendo que mucho amó
y esperó sin desesperar.
Ahora detenido el tiempo
tiene todo el que se quiera
para contemplar el cielo
para envenenar sus flechas
e inflamar a sus congeneres
con disparos de horror
y se enciendan
para que por un momento
se olviden de su condena
y marcados, calmos, sonrientes
terminen en el piso en su cueva
pacificos e inconscientes.